México también caminó en Nueva York: lo que dejó el diseño mexicano en NYFW

Publicado: 17 septiembre, 2026

Tiempo de lectura: 4 min


Nueva York acaba de decidir qué quiere usar la próxima primavera.

Y entre aproximadamente 70 desfiles y presentaciones anunciados para la temporada Primavera–Verano 2027 de New York Fashion Week, hubo algo que desde este lado de la frontera resultó mucho más interesante que descubrir el próximo color de moda: México también estaba contando historias. 

No necesariamente con sombreros, bordados colocados porque sí o referencias que gritaran “esto es mexicano” desde el otro lado del runway.

Esta vez aparecieron Chiapas, Oaxaca, los alebrijes, el trabajo artesanal, recuerdos familiares y distintas maneras de entender al México contemporáneo.

Y entonces me quedó una pregunta: ¿la nueva moda mexicana necesita parecer mexicana para representar a México?

Por lo que vimos esta semana en Nueva York, quizá cada vez menos.

Patricio Campillo llevó un recuerdo de Chiapas hasta Manhattan

Imaginemos un helipuerto en el downtown de Manhattan, el sol sobre Nueva York y una colección que, en parte, comenzó mucho más al sur.

Para Primavera 2027, Patricio Campillo presentó la nueva colección de CAMPILLO tomando como punto de partida la nostalgia y esos momentos que quisiéramos poder congelar.

Uno de ellos fue un viaje de senderismo con su madre por Chiapas.

Ese recuerdo terminó convertido en color: rojos, rosas, amarillos y tonos cálidos que evocaban la luz de un atardecer. La colección también exploró materiales y procesos experimentales, llevando esas memorias personales a prendas completamente contemporáneas. 

Y quizá eso es lo interesante.

Campillo no llevó Chiapas a Nueva York intentando reproducirlo.

Llevó cómo lo recuerda.

Heirlome hizo de la colaboración artesanal parte de la historia

Después llegó Stephanie Suberville, nacida en Monterrey y radicada en Nueva York, con Heirlome.

Y esta temporada tenía un significado particular: fue el primer runway show de la firma

Para Primavera 2027, Suberville retomó una colaboración nacida años atrás con el maestro oaxaqueño de alebrijes Angélico Jiménez, fallecido después de aquella primera colaboración.

Esta vez la historia continuó con su hija, Maricarmen Jiménez, artesana de tercera generación, quien creó su propia interpretación para la colección.

Los estampados inspirados en los alebrijes aparecieron nuevamente, mientras algunas siluetas tomaron referencias del huipil y distintos detalles hicieron eco del trabajo artesanal de la familia Jiménez. 

Más que tomar una artesanía y convertirla en estampado, aquí había algo que me parece mucho más interesante para hablar de moda mexicana: continuidad.

Un diseñador puede inspirarse en una tradición. Otra cosa es construir una relación con quienes la mantienen viva.

Lorena Saravia y un México que no necesita clichés

Y si estamos hablando de representar México sin disfrazarlo de México, Lorena Saravia quizá sea uno de los casos más claros de esta temporada.

La diseñadora presentó Primavera–Verano 2027 en Grand Central Station, con una colección nacida de un viaje por Oaxaca, procesos artesanales y recuerdos de su infancia en los paisajes de Cuajimalpa. 

Pero también había mujeres. Familia. Matriarcado.

La idea de esas mujeres mexicanas que preservan tradiciones y conocimientos mientras construyen algo nuevo con ellos.

En las prendas aparecieron lana cruda, seda, tejidos, trabajo manual y hasta una textura que evocaba la superficie del maíz. Todo dentro de una propuesta que deliberadamente busca hablar del México contemporáneo sin depender del cliché folclórico. 

Y creo que ahí está una de las conversaciones más interesantes que dejó esta temporada.

Entonces, ¿cómo se ve México en 2027?

Quizá no haya una respuesta, y qué bueno.

Puede verse como el recuerdo de un atardecer en Chiapas convertido en un degradado.

Como el trabajo de una familia de artesanos de Oaxaca encontrando una nueva vida sobre una pasarela.

O como una silueta contemporánea que lleva detrás procesos y memorias que quizá nunca reconocerías a primera vista como mexicanos.

Porque durante mucho tiempo hablar de “moda mexicana” parecía exigir una serie de códigos visuales bastante específicos.

Pero tal vez el lujo de una nueva generación de diseñadores está precisamente en poder dejar de demostrar todo el tiempo de dónde viene.

México no necesariamente tiene que entrar a una pasarela gritando.

A veces basta con mirar más de cerca una tela, conocer quién trabajó en ella o escuchar la historia que ocurrió mucho antes de que la modelo diera el primer paso.

Nueva York nos enseñó lo que probablemente veremos en Primavera–Verano 2027.

Nosotros terminamos mirando otra cosa: todo lo que México llevó consigo para llegar hasta ahí.

M en la Moda

Una mirada de Visitamex a la moda que se crea aquí, la que cruza fronteras y las historias que vale la pena mirar más de cerca.


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