México pasó por París… y no llevó una sola versión de sí mismo

Publicado: 7 octubre, 2026

Tiempo de lectura: 4 min


Diseñadores mexicanos llevaron memoria, identidad y transformación a la Semana de la Moda de París

¿Qué tiene que llevar una colección para que, al verla en París, podamos decir que tiene algo de México?

¿Color? ¿Flores? ¿Artesanía? ¿Algún símbolo que reconozcamos inmediatamente?

Después de ver el paso mexicano por esta edición de Paris Fashion Week, quizá la respuesta sea mucho más interesante: no tiene que existir una sola manera.

Mientras París presentaba las colecciones Primavera/Verano 2027, distintas propuestas mexicanas encontraron su propio espacio alrededor de una de las semanas más importantes del calendario internacional de la moda. Y lo hicieron desde lugares bastante diferentes: recuerdos familiares, objetos cotidianos, transformación personal y nuevas maneras de interpretar nuestra identidad.

Jesús de la Garsa: volver a florecer

Probablemente una de las historias más personales llegó de la mano de Jesús de la Garsa con Renascentia: cuando el alma vuelve a florecer.

La colección nació como un homenaje a las mujeres de su familia, especialmente a su abuela, y estuvo atravesada también por una experiencia personal de pérdida. Flores y plantas relacionadas con el lugar donde creció aparecieron transformadas en bordados, pétalos y formas que parecían abrirse sobre el cuerpo.

Sedas, gasas y transparencias terminaron de construir una colección ligera, casi como si aquello que comenzó siendo memoria hubiera encontrado una nueva forma de existir sobre la pasarela. 

Y quizá ahí estuvo lo mexicano: no necesariamente en algo que necesitara explicación, sino en una historia que él decidió llevar consigo hasta París.

Michelle Espinoza: vestirse para convertirse

Con Michelle Espinoza, el discurso cambió completamente.

Élan: The Art of Becoming Magnetic habla de avanzar, transformarse y hacerse visible. La diseñadora incorporó incluso un amuleto creado especialmente para la colección como símbolo de identidad.

En la pasarela aparecieron púrpuras y azules eléctricos, perlas, flores, velos, botas y sombreros de inspiración parisina. La mexicana Yahanna Almazán abrió el desfile y Ximena Ochoa realizó la última salida. 

Aquí México no apareció necesariamente como nostalgia, sino como una identidad capaz de transformarse.

Y también estuvieron esas cosas que reconocemos inmediatamente

Una de mis propuestas favoritas para hablar de identidad fue Mexamalista, de Samira & Regeane.

Porque aquí sí aparecen objetos que cualquiera que haya crecido en México podría reconocer: el morral de mandado, el paliacate, el balero y los rótulos populares.

Pero la parte interesante está en lo que hicieron con ellos.

La estructura del morral llegó hasta la corsetería; el paliacate pasó a formar parte de estampados y construcción de prendas, mientras encajes, transparencias y color completaron la colección. Las diseñadoras, primas mexicanas de raíces libanesas, convirtieron así recuerdos cotidianos en elementos de moda. 

Y eso me gusta particularmente.

Porque representar a México fuera del país no siempre debería significar colocar nuestros símbolos sobre una prenda. También puede significar tomarlos, cuestionarlos y convertirlos en algo nuevo.

México tampoco llegó solo por la pasarela

La presencia mexicana alrededor de la semana parisina fue más amplia.

La Embajada de México en Francia destacó las presentaciones de diseñadores mexicanos dentro de los eventos organizados por Fashion Designers of Latin America (FDLA), realizados el 30 de septiembre en la Maison de l’Amérique Latine. Vogue México reportó entre los representantes nacionales a Jesús de la Garsa, Michelle Espinoza y Urban Palais. 

Y la presencia llegó también al front row: Ale Capetillo estuvo entre las invitadas al desfile Primavera/Verano 2027 de Dior, donde Jonathan Anderson presentó su propuesta para la maison. 

Es decir, México apareció esta temporada desde varios lugares de esa conversación internacional: creación, diseño, styling, imagen y audiencia.

¿Entonces México conquistó París?

Yo no lo diría así.

Y quizá tampoco haga falta.

Me parece mucho más interesante pensar que México encontró diferentes maneras de hacerse escuchar en París.

Una flor que recuerda a una abuela. Un morral que termina convertido en corsé. Un amuleto que acompaña una transformación. Diseñadores que toman referencias completamente distintas y aun así encuentran algo propio que contar.

Porque la moda mexicana se vuelve mucho más interesante cuando dejamos de preguntarnos cómo debería verse México y empezamos a observar todas las maneras en las que los mexicanos decidimos vestirlo.

Y esta vez, algunas de esas historias llegaron hasta París.

Por Mina Molina
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